
Entre el 19 y el 22 de marzo, el Santuario de San Sebastián de Yumbel volvió a convertirse en un punto de encuentro para miles de peregrinos, en el marco de la Fiesta de San Sebastián. Espacio propicio para que Misión de la Misericordia, impulsada por la Secretaría de Evangelización de lo Orden Franciscana en Chile, acompañara y evangelizara a sus feligreses.
Por Enrique Astudillo Baeza, periodista
La iniciativa, promovida en su origen por el entonces Ministro Provincial, hermano Carlos Paz, ofm, busca acompañar espiritualmente a los fieles en algunos de los principales santuarios del país, como Yumbel, La Tirana y Caguach. En el caso de Yumbel, este año, la misión debió ser postergada desde enero debido a los incendios forestales que afectaron la zona, lo que no impidió que la fe resurgiera con fuerza semanas después.
Convocatoria fue amplia y transversal
El hermano Claudio Salgado, ofm, quien participó de la Misión de la Misericordia, destaca que fueron cientos de personas que llegaron desde distintos rincones de Chile. “Llegaron familias completas, adultos mayores, jóvenes, enfermos y personas sanas, todos movidos por una misma motivación que fue encontrarse con Dios a través de la devoción a San Sebastián”. Junto a ellos, valora, la importante presencia del Clero (sacerdotes, diáconos, religiosas y consagrados), quienes dieron vida a jornadas marcadas por la oración, la celebración de la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación.
“Fue una misión muy positiva, en el sentido de que el objetivo era ponernos a disposición del rector del Santuario de Yumbel y lo hemos cumplido muy bien. Hemos estado allí como misioneros al servicio de la fiesta que hemos celebrado”, destacó el hermano Claudio Salgado, ofm.
Más allá de las “mandas”
En Yumbel se percibe una fe más profunda. Los peregrinos saben por qué llegan y qué buscan. No solo cumplen promesas, sino que participan activamente de la misa, se confiesan y viven una experiencia espiritual completa. La devoción no se limita al agradecimiento, sino que se transforma en un acto consciente de fe que se renueva año tras año, incluso después de haber cumplido lo prometido.
“Mi rol fue coordinar y acompañar este servicio, especialmente a los laicos de la parroquia Inmaculada Concepción, quienes estuvieron presentes durante todos estos días como una gran misión compartida entre sacerdotes y laicos”, relata el hermano Claudio.
A lo anterior, añade que, en el sacramento de la Confesión, los sacerdotes se encuentran con historias marcadas por el dolor, la enfermedad, las pérdidas y las dificultades personales. Sin embargo, hay un elemento común que atraviesa cada relato: la esperanza. A pesar del sufrimiento, nada parece impedir que los fieles lleguen hasta el santuario. Por el contrario, es precisamente en medio de esas cargas donde la fe cobra mayor sentido y se convierte en motor para seguir adelante.
Respeto y devoción
Quienes participan por primera vez o regresan después de años coinciden en una misma impresión: la experiencia de Yumbel es profundamente sobrecogedora. “Cada persona tiene su momento, cumple su manda, reza y luego se retira, permitiendo que otros vivan el mismo proceso. El santuario se transforma en un espacio de encuentro íntimo con lo sagrado”, agradeció el hermano Claudio.
“Puedo decir que la experiencia de acompañar fue maravillosa. El Santuario vale la pena vivirlo, especialmente nosotros los Franciscanos que estamos comprometidos en la vida de la Iglesia, ya que podamos conocer más de cerca estas devociones y las formas de vida y de cómo se vive la fe y cómo se celebra en los distintos momentos de devoción y en los distintos santuarios”, concluyó el hermano Claudio Salgado, ofm.


