Misión de la Misericordia en Coyhaique llena de esperanza a sus habitantes

Coyhaique fue escenario de una profunda experiencia espiritual entre el 17 y el 28 de febrero, con la realización de una nueva edición de la Misión de la Misericordia, una iniciativa impulsada por el Vicariato Apostólico de Aysén que busca acercar el sacramento de la confesión a las comunidades del extremo sur de Chile.

Por Enrique Astudillo Baeza, periodista

La misión nació hace algunos años por invitación del obispo de Aysén, monseñor Luis Infanti, quien convocó a sacerdotes de distintas zonas del país a sumarse a este llamado pastoral. El objetivo ha sido claro: salir al encuentro de las personas, especialmente en territorios alejados, ofreciendo escucha, acompañamiento y la posibilidad de reconciliarse con Dios.

Para el hermano José Manuel Hernández, ofm, párroco en Apóstol Santiago de Castro, y quien dedicó su tiempo a confesar durante una semana en la Catedral de Coyhaique y posteriormente en la comunidad de Chile Chico, la experiencia fue una “posibilidad tremenda para acercarnos a la misericordia de Dios, todo esto, en el contexto de tiempo litúrgico de la Cuaresma”, valoró.

Su presencia fue parte de un equipo de hermanos Franciscanos que, en espíritu misionero, estuvieron disponibles para administrar el sacramento de la Reconciliación.

En esa línea, la misión no solo implicó servir a los fieles, sino también vivir un proceso de renovación interior a través de cada historia escuchada. Así lo expresó el hermano José Manuel. “Confieso que, durante todo el día, eran varios lo feligreses que se acercaban a este sacramento, ya que no siempre tienen la posibilidad porque hay comunidades que no tienen sacerdotes, así que los fieles católicos aprovecharon esta posibilidad”, destacó.

La Misión de la Misericordia puso en el centro la importancia de la escucha atenta y el acompañamiento espiritual. En un mundo marcado por el ruido y la prisa, el espacio de la confesión se presentó como un momento de pausa, donde las personas pudieron sanar heridas, recibir el perdón y reencontrarse con la esperanza.

De este modo, la Iglesia en Aysén reafirma su compromiso de ser un signo vivo de la misericordia de Dios, llevando consuelo y fe a cada rincón del territorio. Una misión silenciosa, pero profundamente transformadora, que recuerda que siempre hay una oportunidad para comenzar de nuevo.