
Con una emotiva eucaristía celebrada el domingo 3 de agosto, la comunidad franciscana de Valparaíso conmemoró el primer aniversario de la dedicación de la Iglesia San Francisco de Cerro Barón, símbolo histórico y espiritual del puerto. La misa fue presidida por el obispo auxiliar de Valparaíso, monseñor Mario Salas, quien compartió un mensaje centrado en la fe vivida desde la vida en comunidad.
Por Enrique Astudillo Baeza, periodista
La Iglesia San Francisco de Cerro Barón, declarada templo patrimonial, a un año de su dedicación, celebró la eucaristía para hacer memoria agradecida de este primer año y seguir consolidándose como un referente espiritual en Valparaíso. Lo hizo con un mensaje claro: en medio de los desafíos, la comunidad puede encontrar la fe y en ese encuentro fraterno, hallar una razón para seguir caminando juntos.
Para el hermano Cristián Eichin, ofm, responsable del Convento e Iglesia San Francisco, la eucaristía fue un momento de profunda gratitud y emoción. “Al mirar hacia atrás y contemplar todo lo que ha significado este año desde la dedicación de la Iglesia de San Francisco, sentí que celebrábamos la fidelidad de Dios y la perseverancia de una comunidad que ha creído y trabajado incansablemente por devolverle vida a este lugar sagrado lo que le da sentido a la reconstrucción del templo y del convento. Fue una eucaristía llena de sentido, de rostros, de historia compartida y de futuro esperanzador”, valoró.
Vida en comunidad
En su homilía, monseñor Salas se mostró cercano y profundamente humano, destacando que la verdadera fuerza de la Iglesia nace del encuentro entre las personas. “Fue una homilía profundamente pastoral, con un tono cercano y a la vez profético. Me marcó especialmente cómo el obispo habló desde su experiencia como mercedario, recordando que en las misiones de África y su misión en Angola, las iglesias se construyen cerca de las fuentes de agua, y eso no es casual”, precisó el hermano Cristián Eichin, ofm.
“Allí donde hay vida, donde hay comunidad, está la Iglesia. Y así lo vinculó con nuestra realidad. En el Cerro Barón, la Iglesia de San Francisco fue y vuelve a ser el centro referencial de la comunidad. La Iglesia no solo como un lugar espiritual, sino también como punto de encuentro humano, social, cultural. El obispo nos ayudó a redescubrir esa centralidad que une a Dios con su pueblo de manera concreta”, añadió el hermano Cristián.
El hermano Cristián Eichin, ofm, se mostró conmovido al recordar el arduo camino recorrido para lograr que el templo volviera a abrir sus puertas. “Ha sido un tiempo intenso y bendecido. Este primer año ha significado un proceso de reconstrucción no solo material, sino también espiritual y comunitario. Para mí ha sido una escuela de paciencia, de confianza en la providencia y de trabajo sin descanso. La fraternidad de hermanos que habita esta iglesia está compuesta por dos frailes: Fray Luis Castro y yo. Juntos hemos querido vivir con sencillez, servicio y apertura, acompañando a quienes se acercan a este lugar. Hemos visto cómo la belleza, la liturgia bien celebrada y el encuentro humano son caminos concretos para anunciar el Evangelio hoy. Ha sido también una oportunidad para volver a creer en los sueños que Dios pone en el corazón de su pueblo”.
Arduo caminar de la mano de San Francisco
En esa línea,el responsable del Convento e Iglesia San Francisco, extendió. “Ha sido un camino no exento de obstáculos, de momentos de cansancio, pero también de muchas sorpresas de Dios. Cada vez que alguien entra a esta iglesia, reza en silencio, escucha un concierto, o participa en una liturgia con sentido, sentimos que el esfuerzo vale la pena. Esta iglesia ha vuelto a ser un faro para Valparaíso y también para Chile. Porque representa la posibilidad real de reconstruir desde la fe, desde la belleza y desde la fraternidad. Y porque recupera algo muy profundo: que la Iglesia, en el corazón del barrio, no es solo un templo. Es la casa común”.
La celebración fue acompañada por cantos, oraciones y una participación activa de fieles de distintos sectores de Valparaíso, quienes valoraron el ambiente de gratitud y esperanza. “Fue muy conmovedor ver cómo los fieles se sumaron con alegría, respeto y devoción. Muchos llegaron con recuerdos y otros con anhelos nuevos. Se notaba un profundo sentido de pertenencia. La comunidad participó y se involucró: en la liturgia, en el canto, en la oración. La iglesia se llenó de personas y de espíritu fraterno. Fue hermoso ver cómo los vecinos, antiguos y nuevos, junto a tantos hermanos y hermanas de otras comunidades, se sienten parte de esta historia que continúa”, concluyó el hermano Cristián Eichin, ofm, responsable del Convento e Iglesia San Francisco.




