Bodas de oro de profesión religiosa: Fr. David Segovia, ofm

La Comunidad Parroquia de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Salamanca, tiene el agrado de invitar a las bodas de oro de profesión religiosa de Fr. David Segovia,ofm., esta celebración se realizara en la parroquia de Salamanca el día 14 de Agosto a las 12 hrs.
Gracias, porque tengo que reconocer, con la canción “El Profeta” que: “Antes que me formaras en el vientre de mi madre, antes que yo naciera, me conocías y me consagraste”.

Gracias, porque vine a este mundo en una familia sencilla y humilde, pero que confiaba plenamente en Ti, y siempre te tenía presente y a ti se encomendaba.

Gracias, porque, a los tres días de nacer, me hiciste hijo tuyo en el sacramento del Bautismo, el jueves 12 de junio, fiesta (en ese entonces), de Corpus Christi.

Gracias, porque en mi familia dí los primeros pasos en mi fe mediante la invocación diaria a la “Santísima Virgen del Rosario de Andacollo”.

Gracias, porque en mi pueblo, Chañaral de Carén, junto con aprender las primeras letras, aprendí a acudir al templo para la Santa Misa y para el rezo del Santo Rosario.

Gracias, porque a mis 13 años ya tenía visualizado mi futuro al matricularme en la escuela Normal de Profesores de Copiapó.
Gracias, porque en ese instante cambiaste el rumbo de mi vida, mediante el paso por mi pueblo, de un sacerdote franciscano, el padre Beltrán Coenen, con el cual me contactaron, y que me convenció para matricularme en el primer año de Humanidades en el Seminario Franciscano de La Serena.

Gracias, porque ingrese al seminario Franciscano un día Domingo de Ramos, integrándome de lleno a un riguroso Retiro de Semana Santa.

Gracias, porque durante 6 años fui acompañado en mis estudios, en mi fe y en mi vida de piedad, por los Religiosos Franciscanos de la Custodia de san José, dependiente de la Provincia Franciscana de San José, de Bélgica.

Gracias, porque al ser aceptado para el Noviciado, partí hacia el Perú un 25 de Marzo, Fiesta de la Anunciación del Señor y, ese año (1961) era también Domingo de Ramos. Repetí, así, la experiencia de mi ingreso al Seminario, y me integré también a un riguroso Retiro de Semana Santa.

Gracias, porque en el Noviciado de los Descalzos, de Lima, pude dar los primeros pasos de mi vida consagrada con hermanos de Perú, Bolivia, Yugoslavia, de España y de Chile.

Gracias, porque mi Noviciado lo inicié un día primero de mayo, fiesta de san José Obrero, y mi “Profesión Simple”, al año siguiente, un día 13 de mayo, fiesta de la Virgen de Fátima. Años 1961 y 1962 respectivamente.

Gracias, porque mis estudios de Filosofía y Teología los realicé en la Provincia Franciscana de Cantabria (hoy: de Arántzazu), en el País Vasco, al norte de España, durante 6 años. Estudios que compartí con los hermanos del País Vasco, hermanos castellanos, hermanos cubanos y hermanos chilenos.

Gracias, porque pude emitir mis votos perpetuos, mi Profesión Solemne, el día 15 de agosto de 1966, día de la fiesta de la Asunción de la Virgen María. Siempre bajo su amparo.

Gracias, porque mi partida a España la inicié un 15 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, y me integré un día 17 de septiembre, fecha en que, en ese tiempo, celebrábamos la fiesta de la Impresión de las Llagas de Nuestro Seráfico Padre san Francisco. Era el año 1962.

Gracias, porque, al regresar a Chile, el año 1968, pude cerrar el círculo iniciado 6 años atrás, recibiendo mi consagración sacerdotal el 15 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, y celebré mi primera Misa en día 17 de septiembre, fecha en que, en ese entonces, celebrábamos la fiesta de la Impresión de las Llagas de Nuestro Seráfico Padre san Francisco. ¿Coincidencia?.

Gracias, por los años de vida fraterna y servicio pastoral junto a tantos hermanos que, venidos desde Bélgica, nos dieron ejemplo de generosidad misionera y de entusiasmo evangelizador. De ellos aprendí y con ellos fui creciendo en la vida franciscana y en el compromiso con el pueblo de Dios.

Gracias, por los buenos ejemplos, la acogida y el cariño de tantos hermanos en mi nueva familia: la Provincia Franciscana de la Santísima Trinidad de Chile. Con ellos me integro en la búsqueda de los mejores caminos para nuestra presencia franciscana en Chile.

Gracias, porque, luego de estos 50 años, y más, mi norte apunta ya al encuentro contigo en la vida futura; agradecido de lo que me has dado y, más aún, de lo que me tienes prometido. En cada Misa me integro en la súplica: “Admítelos a contemplar la luz de tu rostro” y mi caminar lo proyecto hacia “la gloriosa venida de nuestro Salvador, Jesucristo”.

En este Año de la Misericordia, con mayor convencimiento, me abandono en el océano de la Divina Bondad, reconociendo que, al no haber méritos personales, todo futuro está en la manos del amor infinito del Padre Dios, de nuestro redentor Jesús y de la generosidad del Santo Espíritu.

Gracias, porque durante toda mi vida me he sentido acompañado, protegido, apoyado y amado por mi madre, que ya está a las puertas de cumplir sus 100 años, y que cada día reza el Santo Rosario por todos sus hijos. El ejemplo de su fe, de su confianza y abandono en Dios, de su fortaleza a toda prueba, de su entusiasmo, alegría y optimismo, son un ejemplo y un desafío para toda nuestra familia.

Gracias, porque al realizar este recorrido por los momentos importantes de mi vida y, al ver cómo cada paso se fue dando en momentos fuertes del calendario litúrgico, no puedo menos que repetir, una y mil veces: ¡Gracias, Señor! ¡Muchas, muchas gracias!.

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