Oraciones de San Francisco

San Francisco es conocido como el hombre que más se asemejó a Cristo, vivió “como un hombre nuevo y de otro mundo”, como el hermano universal, como un hombre de paz y de reconciliación, como el Poverello, el amante de los pobres, el cantor de la creación. Es verdad. Pero Francisco de Asís es ante todo un místico, un verdadero contemplativo, un enamorado de Cristo, pobre y crucificado. Francisco no es solo un hombre que reza, sino, como dice su biógrafo Tomás de Celano, es un «hombre hecho oración». La presencia de Dios lo transfigura, hasta convertirlo en otro Cristo.

Sumo y glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta, esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento. Señor,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

¡Salve, reina sabiduría,
el Señor te salve con tu hermana la santa pura simplicidad!
¡Señora santa pobreza,
el Señor te salve con tu hermana la santa humildad!
¡Señora santa caridad,
el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia!
¡Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor,
de quien venís y procedéis!
No hay absolutamente nadie en el mundo entero
que pueda poseer una de vosotras si antes no muere
a sí mismo.
Quien posee una y no ofende a las otras,
las posee todas.
Y quien ofende a una, ninguna posee
y a todas ofende.
Y cada una confunde a los vicios y pecados.
La santa sabiduría confunde a Satanás
y a toda su malicia.
La pura santa simplicidad confunde
a toda la sabiduría de este mundo
y a la sabiduría del cuerpo.
La santa pobreza confunde a la codicia y la avaricia
y a las preocupaciones de este mundo.
La santa humildad confunde a la soberbia
y a todos los hombres del mundo,
y a todo lo que hay en el mundo.
La santa caridad confunde a todas las tentaciones
diabólicas y carnales y a todos los temores camales.
La santa obediencia confunde a todos los propios
quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado
su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su
hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres
que hay en el mundo; y no sólo a los hombres, sino
también a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto
les sea dado de lo alto por el Señor, puedan
hacer de él lo que quieran.

¡Salve, Señora, santa Reina,
santa Madre de Dios, María,
virgen hecha iglesia,
elegida por el santísimo Padre del cielo,
consagrada por él con su santísimo Hijo amado
y el Espíritu Santo Defensor,
en ti estuvo y está
toda la plenitud de la gracia y todo bien!
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo suyo!
¡Salve, casa suya!
¡Salve, vestidura suya!
¡Salve, esclava suya!
¡Salve, Madre suya!
Y, ¡salve, todas vosotras santas virtudes,
que, por la gracia e iluminación del Espíritu Santo,
sois infundidas en los corazones de los fíeles,
para hacerlos, de infieles, fieles a Dios!

Tú eres el santo Señor Dios único, el que haces maravillas.
Tú eres el fuerte, tu eres el grande, tú eres el altísimo,
tú eres el rey omnipotente; tú Padre santo, rey del cielo y de la tierra.
Tú eres el trino y uno, Señor Dios de los dioses;
tú eres el bien, el todo bien, el sumo bien,
Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría,
tú eres la humildad, tú eres la paciencia,
tú eres la belleza, tú eres la mansedumbre;
tú eres la seguridad, tú eres el descanso,
tú eres el gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría,
tú eres la justicia, tú eres la templanza,
tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres la belleza, tú eres la mansedumbre,
tú eres el protector, tú eres nuestro custodio y defensor;
tú eres la fortaleza, tú eres el refrigerio.
Tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe,
tú eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura,
tú eres nuestra vida eterna,
grande y admirable Señor,
Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te corresponden
y ningún hombre es digno de pronunciar tu nombre.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
él es el día y por él nos alumbras;
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti. Altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado claras y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
que es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y es bello y alegre y robusto y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos con flores de colores y hierbas.
Loado seas, mi Señor,
por los que perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,
pues por ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre vivo puede escapar.
¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal!
Bienaventurados los que encontrará en tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal.
Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

Santo, santo, santo es el Señor Dios omnipotente,
el que es, y el que era, y el que ha de venir.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Digno eres, Señor Dios nuestro,
de recibir la alabanza, la gloria y el honor y la bendición.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Digno es el cordero que ha sido sacrificado
de recibir el poder y la divinidad, la sabiduría y la fortaleza,
el honor, la gloría y la bendición.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo
con el Espíritu Santo.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Bendecid al Señor todas las obras del Señor.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Alabad a nuestro Dios todos sus siervos
y los que teméis a Dios, pequeños y grandes.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Alaben al que es glorioso los cielos y la tierra.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Y todas las criaturas del cielo y de la tierra,
y las de debajo de la tierra y del mar, y las que hay en él.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Como era en el principio, ahora y siempre
y por los siglos de los siglos. Amén.
Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos.
Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios,
todo bien, sumo bien, bien total, que eres el solo bueno,
haz que te restituyamos toda alabanza, toda gloria, toda gracia,
todo honor, toda bendición, y todos los bienes.
Hágase. Hágase. Amén.

Temed al Señor y dadle gloria.
Digno es el Señor de recibir la alabanza y el honor.
Alabadlo todos los que teméis al Señor.
Salve, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
Alabadlo, cielo y tierra.
Alabad al Señor todos los ríos.
Bendecid al Señor los hijos de Dios.
Este es el día que hizo el Señor,
saltemos de gozo y alegrémonos en él.
¡Aleluya, aleluya, aleluya! ¡Rey de Israel!
Todo ser viviente alabe al Señor.
Alabad al Señor, porque es bueno;
todos los que leéis esto, bendecid al Señor.
Criaturas todas, bendecid al Señor.
Aves todas del cielo, alabad al Señor.
Niños todos, alabad al Señor.
Jóvenes y doncellas, alabad al Señor.
Digno es el cordero que ha sido sacrificado,
de recibir la alabanza, la gloria y el honor.
Bendita sea la santa Trinidad e indivisa Unidad.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.

¡Oh santísimo Padre nuestro:creador, redentor, consolador y salvador
nuestro!
Que estás en los cielos:en los ángeles y en los santos; iluminándolos
para conocer, porque tú. Señor, eres la luz; inflamándolos
para amar, porque tú, Señor, eres el amor; habitando en ellos y
colmándolos para gozar de la eterna bienaventuranza, porque tú.
Señor, eres el bien sumo, eterno, de quien todo bien procede, sin
quien no hay bien alguno.
Santificado sea tu nombre:clarificada sea en nosotros tu noticia, para
que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de
tus promesas, la sublimidad de tu majestad y la hondura de tus
juicios.
Venga tu reino:para que reines en nosotros por la gracia, y nos hagas
llegar a tu reino, donde está la visión manifiesta de ti, el amor
perfecto a ti, la unión bienaventurada contigo, la fruición de ti por
siempre.
Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo: para que te
amemos con todo el corazón, pensando siempre en ti; con toda el
alma, deseándote siempre a ti; con toda la mente, dirigiendo todas
nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con todas
nuestras fuerzas, destinando todas nuestras fuerzas y los sentidos
del alma y del cuerpo al servicio de tu amor y no a otra cosa; y
para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos,
atrayendo a todos, según nuestras fuerzas, a tu amor, alegrándonos
de los bienes ajenos como de los nuestros y compadeciéndolos en
los males, y no siendo causa de tropiezo para nadie.
El pan nuestro de cada día:tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
dánosle hoy: para que recordemos, comprendamos y veneremos el
amor que nos tuvo y cuanto por nosotros dijo, hizo y padeció.
Y perdónanos nuestras deudas: por tu inefable misericordia, por el
poder de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión
de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos.
Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y lo que
no perdonamos plenamente, haz tú, Señor, que plenamente lo
perdonemos; para que por ti amemos de verdad a los enemigos y por
ellos intercedamos devotamente ante ti, no devolviendo a nadie mal
por mal, y para que nos esforcemos por ser en ti útiles en todo.
Y no nos dejes caer en la tentación:oculta o manifiesta, imprevista o
insistente.
Mas líbranos del mal: pasado, presente y futuro.
Gloria al Padre…

(Testamento, 5)
Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que
hay en el mundo entero y te bendecimos, pues por tu santa cruz
redimiste al mundo.

Antífona
Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres
ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, Padre
celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del
Espíritu Santo: ruega por nosotros, con san Miguel arcángel y con
todas las virtudes del cielo y con todos los santos ante tu santísimo
Hijo amado, Señor y maestro.
Salmo 7: Vísperas
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo.
Porque el Señor es excelso y terrible,
soberano de toda la tierra.
Porque el santísimo Padre del cielo, nuestro Rey antes de los siglos,
envió de lo alto a su amado Hijo
y trajo la salvación a la tierra.
Alégrense los cielos y salte de gozo la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
gocen los campos y cuanto hay en ellos.
Cantadle un cántico nuevo,
cantad al Señor toda la tierra.
Porque es grande el Señor y muy digno de alabanza,
más terrible que todos los dioses.
Dad al Señor, familias de los pueblos,
dad al Señor gloria y honor,
dad al Señor la gloria debida a su nombre.
Tomad vuestros cuerpos
y cargad con su santa cruz;
y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos.
Tiemble en su presencia la tierra entera;
decid a los pueblos que el Señor reinó desde el madero
Y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del santísimo Padre en el cielo;
elévate sobre el cielo, oh Dios,
y sobre toda la tierra tu gloria.
Y sabemos que viene,
y que vendrá a juzgar con justicia.
Salmo 15: Vísperas de la Navidad del Señor
Saltad de gozo por Dios, nuestro auxilio,
aclamad al Señor, Dios vivo y verdadero, con gritos de júbilo.
Porque el Señor es excelso
y terrible, soberano de toda la tierra.
Porque el santísimo Padre del cielo,
nuestro Rey antes de los siglos,
envió de lo alto a su amado Hijo
y nació de la bienaventurada Virgen santa María.
El me invocó: «Tú eres mi Padre»;
y yo lo nombraré mi primogénito,
más excelso que todos reyes de la tierra.
En aquel día envió el Señor su misericordia,
y en la noche su canto.
Éste es el día que hizo el Señor;
saltemos de gozo y alegrémonos en él.
Porque se nos ha dado un niño santísimo, amado,
y nació por nosotros fuera de casa
y fue colocado en un pesebre,
porque no había sitio en la posada.
Gloria al Señor Dios en las alturas,
y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad.
Alégrense los cielos y salte de gozo la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
gocen los campos y cuanto hay en ellos.
Cantadle, un cántico nuevo,
cantad al Señor toda la tierra.
Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza,
más terrible que todos los dioses.
Dad al Señor, familias de los pueblos,
dad al Señor gloria y honor,
dad al Señor la gloria debida a su nombre.
Tomad vuestros cuerpos
y cargad con su santa cruz,
y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos.

(Carta a toda la Orden)
Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, concédenos por
ti mismo a nosotros, míseros, hacer lo que sabemos que quieres
y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente
purificados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego
del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo,
nuestro Señor Jesucristo, y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo,
que en perfecta Trinidad y en simple Unidad vives y reinas y eres
glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos.
Amén.
________________________________
Bendigamos al Señor, Dios vivo e verdadero,
y restituyámosle, siempre la alabanza, la gloria,
el honor, la bendición y todos los bienes. Amén.
(Oficio de la Pasión del Señor)
Temed y honrad,
alabad y bendecid,
dad gracias y adorad
al Señor Dios omnipotente
en Trinidad y Unidad,
Padre e Hijo y Espíritu Santo,
creador de todas las cosas.
(Regla no bulada, XXI, 2)

(Regla no bulada, XVII,17-18)
Y restituyamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y
reconozcamos que todos son suyos, y démosle gracias por todos
ellos, ya que todos los bienes de él proceden. Y el mismo altísimo
y sumo, el solo Dios verdadero, posea, a él se le tributen y él reciba
todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones,
todas las acciones de gracias y la gloría, porque suyo es todo bien, y
sólo él es bueno.

(Regla no bulada, XXIII)
Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo.
Señor rey del cielo y de la tierra, te damos gracias por ti mismo, pues
por tu santa voluntad, y, por medio de tu único Hijo con el Espíritu
Santo, creaste todas las cosas espirituales y corporales, y a nosotros,
hechos a tu imagen y semejanza, nos colocaste en el paraíso. Y
nosotros caímos por nuestra culpa.
Y te damos gracias porque, así como nos creaste por tu Hijo, así
también, por el santo amor con que nos amaste, hiciste que él,
verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre
Virgen beatísima Santa María, y quisiste que nosotros, cautivos,
fuéramos redimidos por su cruz y sangre y muerte.
Y te damos gracias porque este mismo Hijo tuyo ha de venir en la
gloria de su majestad a arrojar al fuego eterno a los malditos, que
no hicieron penitencia y no te conocieron; y a decir a todos los que
te conocieron y adoraron y te sirvieron en la penitencia: Venid,
benditos de mi Padre; recibid el reino
que os está preparado desde el origen del mundo.
Y porque todos nosotros, míseros y pecadores, no somos dignos de
nombrarte, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo amado, en quien te has complacido, que te basta siempre
para todo y por quien tantas cosas nos has hecho, te dé gracias por
todo junto con el Espíritu Santo Defensor como a ti y a él mismo le
agrada. ¡Aleluya!
Y a la gloriosa madre, la beatísima siempre Virgen María, a los
bienaventurados Miguel, Gabriel y Rafael, y a todos los coros de
los bienaventurados serafines, querubines, tronos, dominaciones,
principados, potestades, virtudes, ángeles, arcángeles; a los
bienaventurados Juan Bautista, Juan Evangelista, Pedro, Pablo, y
a los bienaventurados patriarcas, profetas, inocentes, apóstoles,
evangelistas, discípulos, mártires, confesores, vírgenes; a los
bienaventurados Elias y Enoc, y a todos los santos que fueron, serán
y son, humildemente les suplicamos, por tu amor, que te den gracias
por estas cosas, como te agrada a ti, sumo Dios verdadero, eterno y
vivo, con tu queridísimo Hijo nuestro Señor Jesucristo y el Espíritu
Santo Defensor, por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya!
Y a todos los que quieren servir al Señor Dios en el seno de la
santa Iglesia católica y apostólica, y a todos los órdenes siguientes:
sacerdotes, diáconos, subdiáconos, acólitos, exorcistas, lectores,
ostiarios y a todos los clérigos; a todos los religiosos y religiosas; a
todos los conversos y niños; a los pobres e indigentes; a los reyes y
príncipes; a los trabajadores y agricultores; a los siervos y señores;
a todas las vírgenes y continentes y casadas; a los laicos, varones
y mujeres; a todos los niños, adolescentes, jóvenes y ancianos; a
los sanos y enfermos; a todos los pequeños y grandes; a todos los
pueblos, gentes, tribus y lenguas; y a todas las naciones y a todos
los hombres de todos los lugares de la tierra, que son y serán,
humildemente les rogamos y suplicamos todos nosotros, los
hermanos menores, siervos inútiles, que perseveremos todos en la
verdadera fe y en la penitencia, porque de otro modo nadie se puede
salvar.
Amemos todos con todo el corazón, con toda el alma, con toda la
mente, con toda la fuerza y fortaleza, con todo el entendimiento,
con todas las energías, con todo el empeño, con todo el afecto, con
todas las entrañas, con todos los deseos y quereres, al Señor Dios,
que nos dio y nos da a todos nosotros todo el cuerpo, toda el alma y
toda la vida, que nos creó, nos redimió y por sola su misericordia nos
salvara; que nos ha hecho y hace todo bien a nosotros, miserables y
míseros, pútridos y hediondos, ingratos y malos.
Ninguna otra cosa, pues, deseemos, ninguna otra queramos,
ninguna otra nos agrade y deleite, sino nuestro Creador y Redentor
y Salvador, el solo verdadero Dios, que es el bien pleno, el todo
bien, el total bien, el verdadero y sumo bien; que es el solo bueno,
piadoso, manso, suave y dulce; que es el solo santo, justo, verdadero,
santo y recto; que es el solo benigno, inocente, puro; de quien y por
quien nos viene y en quien está todo el perdón, toda la gracia, toda la
gloria de todos los penitentes y justos, de todos los bienaventurados
que gozan juntos en los cielos.
Nada, pues, impida, nada separe, nada se interponga; nosotros
todos, en todas partes, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo,
todos los días y continuamente, creamos verdadera y humildemente,
y tengamos en el corazón y amemos, honremos, adoremos,
sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y sobreexaltemos,
engrandezcamos y demos gracias al altísimo y sumo Dios eterno.
Trinidad y Unidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, creador de todas
las cosas y salvador de todos los que en él creen y esperan y lo aman;
que, sin principio y sin fin, es inmutable, invisible, inenarrable,
inefable, incomprensible, inescrutable, bendito, loable, glorioso,
sobreexaltado, sublime, excelso, suave, amable, deleitable y sobre
todas las cosas todo deseable por los siglos. Amén.

(Carta a los fieles, Primera redacción, I, 1.19)
Todos aquellos que aman al Señor con todo el corazón, con toda
el alma y la mente y con todas sus fuerzas, y aman a sus prójimos
como a sí mismos, y aborrecen sus cuerpos con sus vicios y pecados,
y reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y dan
los frutos propios de la penitencia, ¡oh, cuán dichosos y benditos
son aquellos y aquellas que hacen estas cosas y en ellas perseveran!
Porque sobre ellos descansará el Espíritu del Señor y hará en
ellos habitación y morada; y son hijos del Padre celestial, cuyas
obras hacen, y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor
Jesucristo.
Somos sus esposos cuando el alma fiel se une a nuestro Señor
Jesucristo por el Espíritu Santo. Somos sus hermanos cuando
cumplimos la voluntad del Padre, que está en los cielos. Somos sus
madres, cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo por
el amor divino y por una conciencia pura y sincera, y lo damos a
luz por las obras santas, que deben ser luz para los demás por el
ejemplo.
¡Oh, cuán glorioso es tener en el cielo un padre santo y grande! ¡Oh,
cuán santo es tener un tal esposo, defensor, hermoso y admirable!
¡Oh, cuán santo y cuán amado es tener un tal hermano y un tal hijo,
agradable, humilde, pacífico, dulce, amable y más que todas las
cosas deseable, nuestro Señor Jesucristo!, que dio la vida por sus
ovejas y oró al Padre diciendo: Padre santo, guarda en tu nombre
a los que me diste en el mundo; tuyos eran y tú me los diste. Y las
palabras que me diste, se las he dado yo a ellos; y ellos las han
aceptado y han creído verdaderamente que salí de ti, y han conocido
que tú me enviaste. Ruego por ellos y no por el mundo. Bendícelos
y conságralos; también yo me consagro a mí mismo por ellos. No
ruego sólo por ellos, sino también por los que han de creer en mí por
su palabra, para que sean consagrados en la unidad, como nosotros.
Y quiero, Padre, que donde estoy yo también ellos estén conmigo,
para que vean mi gloria en tu reino. Amén.

El Señor te bendiga y te guarde;
te muestre su rostro y tenga misericordia de ti.
Vuelva a ti su mirada y te conceda la paz.