
Del 18 al 30 de junio, se desarrolló por primera vez en la historia de la Conferencia Brasil-ConoSur, una experiencia misionera -en el territorio de la Amazonía brasileña- con hermanos de las 12 entidades, particularmente, en el estado de Acre, en la diócesis de Cruzeiro do Sul. En la cita, participaron hermanos de Chile, Argentina y Brasil, en un total de 18 frailes, la mayoría, secretarios de evangelización de sus correspondientes provincias e igualmente, encargados de JPIC y de la formación permanente de la Conferencia.
Por Enrique Astudillo Baeza, periodista
En palabras del hermano Luis Alberto Nahuelanca, ofm, la iniciativa tuvo como objetivo fundamental vivir un tiempo fuerte de evangelización franciscana, y “como una oportunidad para volver a reavivar la misionariedad de la vocación del hermano menor y su apertura a la novedad permanente del Espíritu que invita a emprender nuevos caminos y contemplar nuevos horizontes por donde el Evangelio ha de llegar y suscitar semillas de esperanzas”.
Además, añadió, la experiencia respondió al llamado de la Iglesia y de la Orden, de colocar en el centro de las prioridades misioneras el clamor de la Amazonía, como compromiso y acción profética decidida ante la urgencia del cuidado de la Casa Común, “como lo hizo tan presente el Papa Francisco cuando hablaba de los sueños de la Amazonía: sueño cultural, sueño social, sueño ecológico y sueño eclesial”, valoró el hermano Luis Alberto.
Cruzeiro do Sul, el territorio más occidental de la amazonia brasileña
Según relata el hermano Luis Alberto Nahuelanca, ofm, el primer trabajo estuvo con el obispo salesiano italiano, Flavio, quien habló de la radiografía de su diócesis, sus necesidades y las urgencias que deben abordar los misioneros Franciscanos durante las dos semanas de encuentro. “Realidades urbanas complejas, comunidades ribereñas amazónicas, pueblos indígenas, jóvenes y formación, etc. Es una diócesis, que sin haber presencia de frailes, se vive con mucho fervor el espíritu franciscano y muchas parroquias llevan el nombre de san Francisco de Asís y celebran cada año con gran devoción su fiesta patronal. De allí la acogida y la hospitalidad tan grande que los hermanos hemos recibido de parte de la gente”, destacó.
En pequeñas fraternidades
Los frailes, organizados en cinco pequeñas fraternidades, enfrentaron el desafío de trabajar las cinco áreas misionales y asumir las tareas específicas y diferenciadas según los contextos geográficos, sociales y culturales de las comunidades amazónicas, tales como:
Visitas misioneras y escucha pastoral a las familias de las comunidades (ribereñas, indígenas, urbanas); celebraciones y bendiciones de familias y casas e igualmente lugares de trabajo; acompañamiento a las familias en situaciones de duelos u otras problemáticas; atención a los ancianos y a los en enfermos; visitas a los colegios, escuelas y hospitales; encuentros vocacionales con jóvenes; formación de catequistas y otros ministerios laicales; momentos de espiritualidad y animación litúrgica; acompañamiento pastoral y formación de líderes de comunidades; acompañamiento de las comunidades indígenas y visitas a las aldeas (pueblo Nukini y Puyanawa); encuentro con el mundo del dolor en los hospitales, de las adicciones en las Fazendas de la Esperanza; presencia en el mundo de las plazas; acompañamiento de las fiestas patronales (Sagrado Corazón, San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo).
“En este camino cada pequeña fraternidad hizo misión compartida con laicos y laicas, religiosas, seminaristas y diáconos, jóvenes y sacerdotes de la diócesis con los cuales vivimos momentos enriquecedores de intercambio y de compartir fraterno, en donde el factor lingüístico no fue un impedimento para la comunicación; al contrario, fue la oportunidad para nuevos aprendizajes y la comprensión de nuestros respectivos mundos culturales. La misión lleva consigo siempre un intrínseco dinamismo de intercambio de dones”, enumeró hermano Luis Alberto Nahuelanca, ofm.
Las huellas de San Francisco de Asís
Al término de la experiencia misionera en tierras de la Amazonía, el hermano Luis Alberto siente que trae, junto a sus pares Franciscanos, una convicción compartida. “Más allá de lo mucho o poco que hayamos trabajado en el empeño de sembrar la esperanza en estas tierras, como rezaba nuestro lema misionero, lo más valioso es lo que el pueblo de Dios sembró en cada fraile, su profundo amor a Dios y a San Francisco de Asís”.
En esa línea reforzó la potente vinculación con la naturaleza y su experiencia siempre celebrativa de la vida y de la fe. “Con ellos y en nuestras rutas de navegación por más de 10 horas en los ríos Moa y Japiim, afluentes amazónicos, hemos vuelto a leer y alabar al Señor con el Cántico de las Criaturas y con los pueblos Nukini y Puyanawa, nombrar cada ser viviente con el cual la vida se hace encuentro, celebración, mesa compartida. En la Amazonía todo esta interconectado”.
Finalmente, el hermano Luis Alberto Nahuelanca, ofm, agradeció a su pequeña fraternidad por hacer camino compartido y por las muchas horas caminadas y navegadas, “por las conversaciones en portuñol, por el agotamiento de los últimos días y por las muchas picaduras en el cuerpo que hablan de las huellas de la Amazonía en cada fraile que por allí paso. Gracias fray Heleno y fray João”, concluyó.



