5 VERBOS PARA CONJUGAR EN FRATERNIDAD, EN ESTE TIEMPO DE CORONAVIRUS

Notas “en borrador” para nuestro camino misionero

La complejidad de los tiempos que estamos viendo nos ha llevado a buscar nuevos caminos de aprendizajes respecto de cómo vivir y convivir en un nuevo tiempo en el cual hemos emprendido la ruta hacia la interioridad; sentir y experimentar el tiempo en el corazón, su velocidad e intensidad, en nuestros espacios cotidianos de frecuencias parciales de permanencia en los cuales estábamos habituados. La densidad del tiempo presente lo sentimos en gradualidad diversa. Ahora se trata de estar, permanecer, vivir y convivir. Dialogar, escuchar, encontarrnos todo el tiempo y en la dinámica doméstica de las tareas compartidas y en los espacios ocupados con paciencia y aceptación activa para no trangredirnos en nuestros derechos humanos de un “buen vivir”, con dignidad.

Los hermanos franciscanos, cada uno desde sus respectivas fraternidades de pertenencia, y desde el lugar donde se hace camino evangelizador, abrazamos este momento de la historia como un tiempo de nuevas posibilidades para nuestra vida carismática. Leemos con una mirada de bondad los acontecimientos desde la riqueza de nuestra antropología franciscana que posee notas muy atingentes y que podemos ofrecer como valores testimoniados fraternalmente, los cuales expresan nuestra visión de la vida cotidiana, que abraza con simpatía la existencia humana y manifiesta un actuar en coherencia con un profundo sentido de fraternidad social y cósmica: 1) Presencia; 2) Relación; 3) Encuentro; 4) Acogida; 5) Diálogo; 6) Mirada; 7) Escucha; 8) Esperanza. Sería un buen ejercicio volver a profundizar estas notas esenciales de nuestro carisma, en el ocio fecundo y gratuito de este tiempo que cada hermano vive.

Frente a la imposibilidad de encontrarnos físicamente en nuestras comunidades cristianas para compartir y celebrar la fe común con nuestra gente, los hermanos hemos debido emprender otros caminos de “salida misionera”; visibilizar otras maneras de ser ser Iglesia misionera: la Iglesia doméstica del hogar; la familia como ese espacio natural, humano, acogedor y samaritano por donde pasa la vida y la fe compartida. Desde este espacio bendito evangelizamos en fraternidad, viviendo y testimoniando en la vida cotidiana del vecindario, actitudes pascuales fundamentales como: la alegria, la misericordia, el dialogo, la escucha, el encuentro, la esperanza, la amabilidad. En este tiempo de tanta inseguridad, de incertezas, desconfianzas, podemos también ofrecer misioneramente palabras esperanzadoras, miradas de bondad, proximidad samaritana, comunión fraternal, diálogos de prudencia y sabiduría, cercanía amorosa y solidaria especialmente para con los más débiles, nuestros niños, ancianos y enfermos; en otras palabras, podemos ofrecer una espiritualidad franciscana contagiante de “un buen vivir” desde lo sencillo y cotidiano; desde la paciencia y la serenidad; desde lo artesanal y genuino; desde la vida sin caretas ni ropajes, sólo desde la verdad de lo que somos y tenemos en realidad; en otras palabras, desde la libertad. Sólo la verdad nos hará libre nos repite Jesús al oído hoy.

            En este tiempo del COVID19, podemos volver a conjugar estos cinco verbos misioneros que el Papa Francisco nos ha regalado para acompasar la vida con la alegría del Evangelio, fuente de todas nuestras esperanzas. Hagamos el intento de conjugar en primera persona esto que está escrito en tercera persona. Nuestras fraternidades franciscanas pueden hacer este ejercicio cotidiano desde las pequeñas tareas que van marcando el transcurrir de estos días “encuarentenados”.

            PRIMEREAR: Porque hemos sido amado primero por el Dios de la Vida, debemos saber adelantarnos, a tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, hacer sentir proximidad y cercanía fraterna ante quien está sólo o se siente sólo en este tiempo. Navegamos en la misma barca de la humanidad y podemos remar juntos para avanzar y llegar a puerto seguro, aún en medio de la tempestad.

            INVOLUCRAR: Como fraternidad que se adelanta a salir al encuentro de las personas, no perdamos la providencial ocasión para involucrarnos en esta realidad cotidiana en la cual vive nuestra gente hoy, como Jesús lo hizo, que se abajó hasta la lavar los pies a sus discípulos. Hoy estamos llamados a tocar la carne sufriente de Cristo en el pueblo que clama al cielo por protección y auxilio ante esta pandemia, de lo contrario el otro virus de indiferencia será más letal que el covid 19.

            ACOMPAÑAR: Cuando nos involucramos en el camino cotidiano de la gente podemos sentirnos compañeros de camino en esa larga caminata de la vida y de la fe con ellos; de las luchas cotidianas, especialmente de los pobres y excluidos. Acompañar procesos humanos es hoy una gran tarea misionera, por más duros y prolongados que ellos sean. Esto implica saber esperar, saber ser pacientes y así evitar maltratar los límites de los hermanos. Qué importante es tener aguante y paciencia apostólica para saber estar presente en la vida de los demás en momentos como los que hoy vivimos, de tanta incertidumbre y miedo e inconsciencia en no pocos para tomar el pulso a lo que se vive.

            FRUCTIFICAR: Como fraternidad primeriada en el amor debemos estar atentos a los frutos que la siembra de Dios va produciendo en medio de los surcos de esta tierra bendita, aún en medio de la noche oscura de la crisis y de los problemas. Este tiempo de pandemia dará frutos hermosos de nueva humanidad y renovada espiritualidad en la existencia de muchos si lo vivimos con sentido de fraternidad, solidaridad y responsabilidad. El Señor nos quiere una Comunidad fructífera, con un vientre fecundo… Esta fecundidad pasa necesariamente por la donación de la propia vida. “No Hay amor más grande que aquel que da la vida”; sólo el trigo que muere en la profundidad silencioa de la tierra dará muchos frutos, dice Jesús.  Nos abrazamos en este momento de la historia, como fraternidad y junto a nuestra gente, para llorar nuestras pequeñas y grandes muertes y así volver a nacer de nuevo como humanidad redimida en el amor.

            CELEBRAR: Nuestra gente expresa su vitalidad existencial en su capacidad celebrativa. Aún en medio de tiempos difíciles, de dolor y sufrimiento el pueblo sabe hacer fiesta por los signos de vida resucitada que se manifiestan en la caminata cotidiana. En comunidad, en familia, en fraternidad, celebramos las pequeñas y grandes victorias; celebramos cada pequeño o gran paso adelante en el andar sacrificado por la felicidad propia y de los nuestros. Necesitamos llevar adelante, junto a nuestro pueblo, una vida fraterna gozosa, celebrativa, atrayente; así la Iglesia evangeliza y se evangeliza ella  misma con la belleza celebrativa de la liturgia de la vida y de la fe en los sencillos y domésticos signos por donde pasa la existencia cotidiana de nuestra gente y en donde Dios se manifiesta como el vencedor de la muerte, en Jesucristo, el Resucitado. La historia esta en sus manos y se hace historia de salvación en el día a día del tiempo redimido.

     Estos son cinco verbos que podemos conjugar en este complejo y esperanzador tiempo de pandemia como un humilde ejercicio de misionariedad desde la gramatica del Evangelio, desde donde brota la Vida en abundancia; se trata de un nuevo estilo, de una nueva mentalidad y sensibilidad; de un nuevo modo de vivir nuestro discipulado misionero desde la belleza de nuestra pequeña iglesia doméstica, nuestra fraternidad, la casa de la fe en medio de las casas del pueblo, donde resplandece como antorcha de esperanza en la noche oscura y tempestuosa de este tiempo pandémico.

Fray Luis Alberto Nahuelanca M, OFM

Fraternidad San Francisco de Alameda- Santiago