Carta del Ministro provincial con motivo de Solemnidad de San Francisco


CARTA A LOS HERMANOS Y A LA COMUNIDAD CRISTIANA

Al celebrar la fiesta de San Francisco de Asís deseo hacerme presente en la vida de cada hermano de la Fraternidad provincial, como también de la comunidad cristiana que junto a los hermanos franciscanos,a través del compromiso bautismal, hacen camino de Reino y de fidelidad al plan de Dios revelado por el Padre en su Hijo Jesucristo,pobre y crucificado. En tiempos actuales, la figura de Francisco de Asís y el encuentro con el Cristo de San Damián son válidos y fortalecen el camino de seguimiento al Señor. Adentrarnos en el camino espiritual de Francisco de Asís parte de un encuentro profundo con el Cristo de San Damián, que llama, orienta y centra la vida del Pobre de Asís y le permite experimentar un nuevo impulso en su camino de conversión.

Francisco de Asís experimenta tiempos de profunda crisis existencial que le significará un nuevo nacimiento (cf. Jn 3,3). Se trata de un encuentro consigo mismo, donde existen nuevas preguntas, nuevas emociones y realidades que experimenta y que, en la cárcel de Perusa, con varios fracasos en su deseo de ser caballero, tendrá un momento de más densidad, desencadenando en él enfermedades, cuestionamientos y limitaciones. (cf. TC 4). La experiencia de Espoleto, donde Francisco, agotado y medio dormido, escucha una voz y responde con una pregunta:“Señor, ¿qué quieres que haga?”,y la respuesta: “Vuélvete a tu tierra y se te dirá lo que lo que has de hacer…”(cf. TC 6; AP 6; 2 Cel 6; LM 1,3)

El encuentro de Francisco consigo mismo no lo condujo a un encierro individualista sino que lo abrió a los demás, en una apertura a los pobres, (cf. LM 1,6; TC 3), al encuentro con los leprosos (cf. TC 11; 1Cel 17; LM 1,8; 2Cel 122,2), al encuentro con los hermanos, con la fraternidad(cf. Test 14; 1Cel 29-45), al encuentro con Clara (cf. LM 4,6; 12,6) y las hermanas(cf. TC 24; AP 41), al encuentro con la Palabra de Dios, con el Evangelio (cf. 1Cel 22;TC 25; LM3,3-4), al encuentro con la creación (cf. 2Cel 200; 165; 1Cel 77; 81; LM 12,4; LP 8), al encuentro con el Crucificado (cf. 2Cel 10;LM 2,1;TC 13,c) y al encuentro con la Iglesia (cf. Test 6; TC 46). Los diversos hechos mencionados marcan su humanidad, su forma de hacer teología, y da una clave de cómo vivir la eclesialidad.

Traer al corazón las palabras que iluminan a Francisco, es traer a nuestra vida la necesidad de luz y discernimiento en este tiempo que vivimos como Iglesia. La Oración ante el Cristo de San Damián nos oriente a seguir avanzando en configurar nuestros sentimientos con los de Cristo:

“Altísimo y glorioso Dios,

ilumina las tinieblas de mi corazón

y dame fe recta,

esperanza cierta

y caridad perfecta.

Sentido y conocimiento, Señor,

para que haga tu santo y veraz mandamiento”.

Esta oración es una invitación para escuchar la voz de Jesucristo que, como a Francisco, nos invita a nosotros a reconstruir la Iglesia. Celano dice: “se apronta a obedecer, se concentra todo él en la orden recibida (cf. 2Cel 10). San Buenaventura dirá que “entró a la iglesita de San Damián movido por el Espíritu y que fue arrebatado en éxtasis…” (cf. LM 2,1) y el relato de los Tres Compañeros dice que “oraba fervorosamente ante la imagen del crucificado” (cf. TC 13). Francisco seguramente oraba la oración mencionada pidiendo la iluminación del corazón para conocer el plan de Dios.

La Iglesia, en tiempos de san Francisco, vivía situaciones muy complejas, relacionadas con la concentración del poder, falta de equidad social, estructura jerarquizada –entre otras–, que impedían comprender la libertad  del Evangelio como un modo de vida pleno. En medio de esta realidad nace nuestro hermano Francisco, la hermana Clara y todo el movimiento franciscano que, con la fecundidad del Espíritu Santo,va a propiciar una Iglesia como pueblo de Dios, sencilla, que se alimenta de la Palabra, misionera, solidaria, fraterna y que celebra al Dios de la vida.

Hoy, al celebrar la fiesta de San Francisco de Asís, el hermano de todos, quiero invitarles a soñar como Fraternidad provincial y como pueblo de Dios, para que podamos vivir el seguimiento de Cristo en nuestra historia e Iglesia:

  1. Que cultivemos cada día un encuentro profundo con la Palabra de Dios y nos hagamos obedientes a ella, y podamos exclamar como Francisco, “Esto es lo que quiero; esto es lo que busco; esto es lo que anhelo de todo corazón hacer” (cf. 1Cel 22).
  2. Que nuestra vida y las comunidades cristianas dejen de ser autorreferenciales y puedan ser anunciadoras de Jesucristo que ha venido a salvar a todos y todas.
  3. Que profundicemos en el “sin nada propio”, en la desapropiación, en tener un corazón desprendido ante una sociedad y un Chile del mercado, consumista y de la desigualdad, donde la Iglesia tiene que aprender de su  Maestro, que existe para servir y no ser servida.
  4. Que nos formemos y profundicemos en la fe, y aprendamos a dialogar con el mundo de manera cordial, no imponiendo ni excluyendo, sino iluminando la vida con el Evangelio.
  5. Que nuestras relaciones fraternas, vividas desde la acogida y la alegría, tengan un lugar fundamental y se valore la vida de los hermanos, desarrollando esfuerzos por construir comunión.
  6. Es la hora de visualizar a los invisibles de nuestra sociedad en nuestros lugares de misión. Que podamos abrazarlos, como lo hiciera san Francisco, para gestar la fuerza profética de la fraternidad, que pone en alto a los excluidos y con ellos provoca transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales y eclesiales.
  7. Que seamos una Iglesia invitada a la conversión permanente, abandonando las prácticas clericalistas que tanto daño han causado, inclusive delitos por abuso por parte de malos pastores que no han sido imagen de Jesús buen Pastor.
  8. Que soñemos una Iglesia llamada a evangelizar, a ser signo de la misericordia y la compasión del Dios de las Bienaventuranzas, que no tiene miedo a tocar la realidad para que ésta sea transformada por la fuerza del Espíritu; con conciencia clara de que su mayor dicha, su vocación más profunda y su identidad es la misión. Ella existe para evangelizar a todos, en la diversidad de situaciones humanas necesitadas de la alegría del Evangelio.
  9. Que trabajemos por una Iglesia en la que todos somos invitados por el tiempo que vivimos a velar y cuidar la vida, especialmente de los más sencillos y vulnerables, para que encuentren en la Comunidad el ámbito adecuado para celebrar la vida y alimentar la fe en Jesucristo y en cada Eucaristía, sacramento de la encarnación permanente del Dios humanado.
  10. No es la hora del abandono, sino de la coherencia y de la fidelidad a lo esencial y que en medio de la oscuridad y de los desencantos, el bautizado pueda  permanecer como sarmientos unidos a la vid que es Jesucristo el Señor.
  11. En fin, que seamos una Iglesia que, desde una experiencia profunda de oración, ayudada por la oración de San Francisco, pide permanentemente a Dios aprender a leer los signos de los tiempos de manera crítica y creyente para visualizar los nuevos vientos por donde sopla el Espíritu de Jesús.

Finalizo manifestando que la Iglesia en su conjunto y cada una de nuestras comunidades y fraternidades franciscanas se renovarán en la medida que no permanezcamos pasivos y sumergidos en la frustración, sino con esperanza, ya que ella está fundamentada en Jesucristo, roca firme que sostiene a la Iglesia.  Que san Francisco de Asís y Nuestra Señora de los Ángeles nos ayuden a vivir estos días como un tiempo fuerte de conversión, de vuelta a Jesucristo pobre y crucificado, a la comunidad, al anuncio misionero, y saber abrazar a los pobres y excluidos.

En la fiesta de San Francisco, muchas felicidades para todos

Fraternalmente.

Fr. Isauro Covili Linfati, ofm, Ministro provincial

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