Hermana Clarisa recibe condecoración «Cruz apóstol Santiago»

La Liturgia estuvo presidida por el Arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati, y concelebrada por el Obispo Auxiliar, monseñor Cristián Roncagliolo; el Nuncio Apostólico, monseñor Ivo Scapolo; el Obispo de Copiapó, monseñor Celestino Aós, y los obispos eméritos monseñor Manuel Camilo Vial y monseñor Cristián Caro; más de medio centenar de presbíteros y diáconos permanentes.

Como es tradicional, en esta Eucaristía se entregó la Condecoración Cruz Apóstol Santiago a 17 personas que han contribuido significativamente con la arquidiócesis en su calidad de fieles laicos, sacerdotes y religiosos, cuya nómina se puede ver al final de esta nota.

En la homilía, el cardenal Ezzati se refirió a la iglesia catedral como el “techo común de todos los que peregrinan por las calles de nuestra ciudad”.

En cuanto al texto de los Hechos de los Apóstoles proclamado, eran los días posteriores a Pentecostés, cuando los apóstoles realizaron muchos signos y prodigios. Pero también, dijo el cardenal, eran días de “una feroz persecución contra ellos, días de enjuiciamiento y de prohibición de predicar el nombre de Jesús. Eran días en que los adversarios de Jesús vivían enfurecidos hasta querer matar a sus seguidores”. Días en que los seguidores del Maestro experimentaban llevar el tesoro de la fe en recipientes de barro, es decir, “su propia vida frágil”, que están atribulados, perplejos, perseguidos y derribados, pero no abatidos, ni desesperados, ni aniquilados, sino que sostenidos en la fe.

Es la fe, dijo luego el arzobispo, “que el apóstol Santiago nos testimonia también a nosotros en estos momentos difíciles de nuestro caminar (…) Hoy también estamos llamados a sentir el dolor de nuestros pecados como la misma actitud de la Iglesia del comienzo (…) Nuestra confianza está en Aquel que ha vencido el mal y con su cruz nos ha rescatado del dominio del mal”.

El Evangelio se refería a la petición de la madre de Santiago y Juan, que pide que sus hijos se sienten uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús en el Reino. A propósito, el cardenal Ezzati recordó que “el discípulo no es más que su maestro, enseña Jesús a quienes quieren seguirlo, y les pide tomar la cruz, cada día, para seguirlo en su entrega total y sin reserva”.

También citó el evangelio en el que Jesús pide a quienes ejercen un poder, que lo hagan como un servicio, porque él no vino a ser servido, sino a servir. Y agregó: “¡Cuánto mal hace el dominio y el poder desenfrenado, el poder que brota de la carne! ¡Cuánto bien la sencillez, el espíritu y la praxis de hacerse servidores de los últimos! ¡Cuántas lecciones de vida nos ofrece esta página del Evangelio de Jesús!”.

Indicó el arzobispo que a esto nos invita el Papa, a ir a las periferias, a ser una Iglesia de pobres. Terminó invitando a pedir por la ciudad de Santiago, los migrantes, los marginados, los niños, los jóvenes, las familias y nuestras autoridades. Además, llamó a que “en este tiempo de zozobra, no tengamos miedo: Jesús está con nosotros (…) Todos puedan experimentar la ternura de Dios que acoge, perdona y salva y, en la Iglesia, Casa Común donde todos puedan sentirse hermanos y hermanas”.

En la celebración participaron cientos de de feligreses de diversas parroquias, colegios, movimientos e instituciones de Iglesia, el conjunto artístico de la Corporación Lar Gallego Chile, familiares y amigos de quienes recibieron la condecoración Cruz del Apóstol Santiago; y un grupo de laicos que extendió un lienzo con el mensaje “No nos robarán la esperanza, otra Iglesia es posible”.

Testimonios de amor a Cristo y a la Iglesia

Terminada la homilía, la canciller, María Francisca San Martín, dio lectura al Decreto N° 205/2018, que otorga la Condecoración Cruz Apóstol Santiago a 17 personas, considerando “El testimonio de amor a Jesucristo y a su Iglesia, como verdaderos discípulos y misioneros suyos, y los valiosos servicios prestados en la Iglesia de Santiago, en diversos campos, como la evangelización, el compromiso pastoral, la promoción humana, el servicio en hospitales, el apoyo y acogida a los migrantes, la educación católica y la caridad”. Los galardonados son los siguientes:

Hna. María Celina del Espíritu Santo – Nacida en 1915 en un hogar sirio-libanés y chileno. A temprana edad en la búsqueda vocacional fue acompañada por las Hnas. Franciscanas Misioneras de María por tres años, descubriendo allí que su vocación la conducía hacia las Hnas. Clarisas de Ntra. Sra. de la Victoria. Ha vivido siempre su vocación con alegría y constante disposición al servicio, en las recreaciones fraternales, deleita con sus poemas recitados para cada ocasión.