Lanzan nuevo capítulo de “Fray Andresito”, el humilde limosnero franciscano


La Vice-Postulación de la Causa de Fray Andrés y la Oficina de Comunicaciones de la Orden Franciscana en Chile publicaron un nuevo capítulo de la serie “Camino hacia la beatificación”, sobre el servicio que entregó este “venerable” a la sociedad y a la Iglesia.

A lo largo de su vida, “Fray Andresito” se dedicó a traducir el Evangelio en el servicio a Dios y a los más pobres y enfermos con un particular sello en la misericordia divina.

En este tercer capítulo, los hermanos franciscanos son los que dan testimonio de la vida de santidad de este fraile, quien constituye la fuente de inspiración para el Convento de la Recoleta Franciscana y su servicio a los más necesitados de Santiago.

“La Recoleta vive, respira, se mueve bajo la sombra de Fray Andrés”, afirmó el hermano Edwin Gómez. “Él reflejó el rostro de Dios entre los más pobres”.

Por su parte, el hermano Felipe Márquez recordó su primer encuentro con Fray Andresito a través de una compañera de universidad que tenía su imagen en uno de sus libros de cálculo.

“Estábamos estudiando para una prueba muy difícil, y ahí me habló de Fray Andresito, de los Franciscanos, de que a ella siempre le ayudaba, y yo andaba en búsqueda vocacional, así que gracias a Fray Andresito yo también me acerqué a los Franciscanos”, recordó el fraile.

Para Márquez, “con Fray Andresito, Jesús entra en la vida completa de la persona sanándola desde dentro”.

“No siempre es en su cuerpo. Yo palpé y experimenté cómo la gente sanaba desde dentro y lograba entrar Jesús en la vida, el Señor en la vida, y sanaba la existencia de la persona antes que su cuerpo”, explicó.

Finalmente, según el hermano Claudio Pumarino este venerable “ha sido un puente para re encantarme con la dimensión social de la Iglesia, con la vocación de hermano menor en un servicio gratuito y generoso a los hermanos más pobres de nuestra sociedad”.

Fray Andresito, nació en Fuerteventura, España el 10 de enero de 1800. En 1832 se embarcó hacia América, en una de las expediciones migratorias, provocadas por las hambrunas, la escasez de trabajo y las sequías.

Llegó a Montevideo, Uruguay, e ingresó a la Orden Franciscana en 1834, donde trabajó como limosnero y portero del convento hasta que fueron expulsados por el gobierno.

En 1839 se trasladó al convento de la Recoleta Franciscana en Santiago de Chile donde ayudó en la cocina, lavaba platos y era barrendero.

Sus labores siempre las realizó con humildad, dedicación y alegría. Luego fue limosnero y salía a pedir dinero desde las 7:00 a.m. hasta la puesta de sol.

Murió el 14 de enero de 1853 con fama de santidad. El Papa Francisco reconoció sus virtudes heroicas y el 8 de junio de 2016 lo declaró “Venerable”.

Fuente: Aciprensa