Presencias franciscanas en Santiago en fiesta por la vida

La celebración, animada por Daniela Aguilera y Francisca Ayala, contó con la participación de grupos musicales y estuvo jalonada por profundos testimonios de familias que han vivido en carne propia situaciones muy complejas y que han seguido adelante con la gestación de una nueva vida.

Uno de esos testimonios fue el de Claudia Valdés, madre de Jacinta Zañartu, quien, junto a su esposo e hijos, contaron cómo vivieron la enfermedad de su hija, la espera de un corazón y pulmones y la llegada de esos órganos que prologaron un tiempo la vida de Jacinta. Claudia valoró y estimuló la donación de órganos para que otras personas tengan la posibilidad de volver a nacer». Junto a ellos, estaba la familia cuyo hijo, al morir, donó sus órganos para Jacinta. «Su familia, a pesar de su tremendo dolor, respetó, manifestó e hizo valer su voluntad, previamente conversada, que él quería ser donante», dijo Claudia.

En un momento solemne del encuentro el Arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati, y los pastores de la Iglesia Anglicana, de la Misión Centro Cristiano de Avivamiento, de la Iglesia Metodista Pentecostal, de la Fraternidad de Iglesias Cristianas, de la Fundación Aló Jesús, de la Iglesia Pentecostal de la Trinidad, y los cardenales eméritos Francisco Javier Errázuriz y Jorge Medina, dieron a conocer un compromiso común en favor de la vida. En él reiteraron su «irrenunciable respeto a toda vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural». Además, se comprometieron «a generar una cultura de la vida, que respete el entorno natural de nuestra casa común, para que todos los habitantes de nuestra patria puedan llevar una vida digna y tener las mismas oportunidades de un mejor desarrollo humano».

Al momento de impartir la bendición a todos los asistentes, el cardenal Ezzati agradeció a todos su participación en esta fiesta por la vida. «Hoy queremos gritar fuerte, muy fuerte y convencido nuestro `sí` a la vida, regalo precioso de Dios, el más inestimable patrimonio de nuestra patria». Agregó el cardenal que en Chile es necesario dignificar la vida de niños y jóvenes que sufren abandono y que también piensa en los encarcelados, en los que no tienen una vivienda digna o viven en situación de calle, en las mujeres que sufren violencia intra familiar, en quienes trabajan por un salario que no les permite vivir dignamente y en los pueblos originarios, que reclaman el reconocimiento de su identidad.