Carta con motivo de la Fiesta de Santa Clara de Asís

Queridas hermanas y hermanos:
¡El Señor les dé su paz!
Cada año, al acercarse el mes de agosto me pregunto qué quiere nuestro Padre san Francisco que yo les diga a ustedes, a quienes gustaba llamar “Damas Pobres”. Él nunca se afanaba mucho por predicarles a ustedes, como bien lo saben, porque confiaba en el compromiso de ustedes para con el Evangelio y en las dotes de guía de santa Clara. Esta confianza sigue viva y yo les escribo simplemente tratando de compartir lo que tengo en mi corazón y en mi mente. También yo les escribo como hermano diligente que valora el compromiso de ustedes, que confía en la capacidad de guía creativa y confiable de santa Clara y que quiere unirse a ustedes para honrar a esta gran mujer. Quisiera empezar con la carta que el Santo Padre Francisco, nuestro Papa jesuita-franciscano, ha escrito para la apertura del Jubileo extraordinario de la Misericordia. En esta carta nos recuerda la continua llamada a la conversión que nos hace el Padre de las Misericordias. Esta resuena para nosotros en la descripción que santa Clara nos ha dejado de su vocación según el ejemplo y las enseñanzas de nuestro Seráfico Padre san Francisco (RegCl 6,1). Ella fue tan fiel a su vocación que incluso en el lecho de muerte pudo decir a fray Reinaldo: “¡Desde cuando conocí la gracia de mi Señor Jesucristo ninguna pena me ha sido molesta, ninguna penitencia gravosa, ninguna enfermedad me ha sido dura, querido hermano!” (LegCl 44); aun hoy la fuente dinámica de nuestra vida como seguidores de Francisco y Clara es la conciencia de la gracia y de la misericordia de Dios.

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